Temperamentos #1: Sanguineo

Buscando información sobre los tipos de temperamentos, llegué a un blog que hacia una descripción bien acertada sobre cada uno de estos. Como este blog pretende en parte resguardar la memoria de las cosas interesantes que voy leyendo, me he tomado la libertad de hacer un descarado Copy&Paste de la información que espero me sea perdonado debido a que coloqué el enlace a la fuente original.

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TEMPERAMENTO SANGUINEO

El sanguíneo es una persona cálida, vivaz, alegre, que da gusto. Por su naturaleza es receptivo y las impresiones externas se abren camino fácilmente en su corazón donde prestamente provoca una respuesta atropellada. Para tomar sus decisiones predominan más los sentimientos que los pensamientos reflexivos. Es un superextrovertido. Tiene una capacidad poco común para divertirse y generalmente contagia su espíritu alegre y divertido. Fascina cuando narra cuentos y su naturaleza cálida y entusiasta le hace revivir prácticamente la experiencia que relata.

Nunca le faltan amigos. Su naturaleza ingenua, espontánea, cordial le abre puertas y corazones. Puede sentir genuinamente las alegrías y los pesares de las personas con quien está y tiene la habilidad de hacerle sentir importante como si se tratase de un amigo muy especial. Y los es, mientras tenga sus ojos puestos en él, o mientras sus ojos no se dirijan hacía otra persona con igual intensidad.

El sanguíneo nunca se encuentra perdido por falta de palabras, aun cuando con frecuencia habla sin pensar. Su franca sinceridad, sin embargo, tiene un efecto desarmador sobre muchos de sus interlocutores, de tal modo que los hace responder a su humor. Su modo libre de desenvolverse hace que los de temperamento más tímido lo envidien.

Al sanguíneo le gusta la gente y detesta la soledad. Nunca se siente mejor que cuando está rodeado de amigos donde él es el alma de la fiesta. Tiene un repertorio interminable de cuentos que relata en forma dramática.

Su modo ruidoso, afable, atropellado, lo hacen parecer más seguro de lo que él mismo se siente, pero su energía y su disposición amable lo ayudan a superar sus problemas en la vida. La gente suele disculpar sus debilidades diciendo: “El es así”.

Generalmente resultan excelentes vendedores, sintiéndose muy atraídos hacía esa profesión. Suelen además ser excelentes actores, anfitriones, predicadores, locutores, animadores, políticos, etc.

En cuanto a ayudar a otros se refiere, los sanguíneos se destacan en tareas hospitalarias. Los doctores sanguíneos están dotados de una aptitud especial para acercarse al enfermo al cual lo deja siempre de buen ánimo como consecuencia de su trato cautivante. La enfermera sanguínea evidencia igual grado de entusiasmo para ayudar a los enfermos, y su radiante sonrisa cuando entra en la habitación siempre tiene el efecto de levantar el espíritu.

Cualquiera sea la actividad a que se dedique el sanguíneo, siempre conviene que sea una actividad que le proporcione mucho contacto con otras personas.

DEBILIDADES DEL SANGUINEO

Indisciplinado y falto de voluntad. La tendencia a ser indisciplinado y su voluntad débil puede llegar a destruirlo a menos que sepa vencer estas debilidades. Como son altamente emocionales tienden a ser “manoseadores”.

La voluntad débil y falda de disciplina hacen que les resulte fácil hacerse deshonestos, falsos y poco dignos de confianza. Tienden a cometer excesos y a aumentar de peso y les resulta sumamente difícil mantener una dieta; en consecuencia es muy normal que un sanguíneo de treinta años de edad pese quince kilos de más y que siga aumentando rápidamente.

Inestabilidad emocional: El sanguíneo no sólo es capaz de llorar por cualquier pretexto, sino que la chispa de ira puede transformarse en furioso infierno instantáneamente. Hay algo consolador en su enojo, no guarda rencor. Una vez que ha desatado su furia se olvida de la cuestión. Los demás no, pero él sí. Por eso es que él no tiene úlceras; se las pasa a los demás.

Un hábito muy sutil de sanguíneo es hacer referencia a personalidades (proyección), haciendo hincapié en su relación de persona.

Inquieto y desorganizado: Los sanguíneos son tremendamente desorganizados y siempre están en movimiento. Raras veces planifican por anticipado; generalmente aceptan las cosas a medida que se le presentan. Son felices buena parte del tiempo porque raramente vuelven la mirada hacia atrás (y en consecuencia no se benefician de los errores pasados), y raras veces miran hacia delante. Donde quiera que viva o trabaje las cosas se encuentran en un desastroso estado de desarreglo. No consigue las herramientas, y las llaves constituyen su ruina, invariablemente se le pierden. Dado su ego, generalmente es exigente para vestirse, pero si sus amigos vieran la habitación donde se vistió pensarían que alguien ha sido victima de una explosión.

La inseguridad: Aún cuando su personalidad extrovertida lo hace ver como una persona segura de sí misma en realidad es una persona muy insegura.

Generalmente el sanguíneo no teme al daño personal y a menudo se arriesga a realizar desmedidas hazañas de osadía y heroísmo. Sus temores giran en tono más bien del fracaso personal, el rechazo o la desaprobación de los demás.

Conciencia flexible: Ya que el sanguíneo tiene la capacidad de convencer a los demás, con lo cual se granjea la reputación de ser el timador más grande del mundo, no le resulta difícil convencerse de que todo lo que quiere hacer está perfectamente bien. Tiene la tendencia a torcer la verdad o a exagerar. Para el sanguíneo “el fin justifica los medios” y normalmente el fin es el de él. Es por ello que frecuentemente pisotea tranquilamente los derechos de los demás y pocas veces titubea ante la posibilidad de servirse de otros.

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Al terminar de leer las características del primer temperamento presentado hoy, podrías decir: “Pos orales, que está hablando de mi”.  Eso se debe principalmente a que estas descripciones “detalladas” de la personalidad de un individuo pueden llevar a lo que se conoce como Falacia de validación personal (o efecto Forer). donde el sujeto en cuestión (osea, tú) te sientes identificado con afirmaciones que en realidad son vagas.

Entonces, ¿Vale de algo saber las características de los temperamentos? Claro que si, aunque hay que saber que si bien uno puede estar mas inclinado hacia cierto temperamento, también presenta habilidades y debilidades de los otros tres. Cuando leas, que no te engañe el efecto Forer.

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Humorismos tristes (Poema Completo)

Humorismos tristes – Luis G. Urbina

 

Mientras tocan Chopin el buen maestro,
o el poeta neurótico recita,
yo charlo con la hermosa señorita,
en voz baja, del último siniestro.
 
¡Y sufro mucho!… ¡bah! pero soy diestro
en sonreír y en ocultar la cuita;
mi tristeza es amarga, es infinita…
mas ¡que apacible regocijo nuestro!
 
Estoy vencido al fin; cesó la lucha;
yo quedo triste y ella indiferente;
su amor fue poco y mi desgracia es mucha;
 
y entre tanto, burlona y sonriente
ella, en el fondo del salon, escucha
del joven barbilindo el flirt corriente
 
*
 
¿Qué si me duele? Un poco; te confieso
que me heriste a traición: mas por fortuna
tras el rapto de ira vino una
dulce resignación… Pasó el acceso.
 
¿Sufrir? ¿Llorar? ¿Morir? ¿Quien piensa en eso?
El amor es un huésped que inoportuna;
mírame como estoy, ya sin ninguna

tristeza que decirte. Dame un beso.

 
Así; muy bien; perdóname fui un loco;
tú me curaste – gracias – y ya puedo
saber lo que imagino y lo que toco:
 
En la herida que me hiciste pon el dedo
¿Que si me duele? Sí; me duele un poco,
mas no mata el dolor… no tengas miedo
 
*
 
Ya está; no tengas miedo de mi pena;
no me pondré en ridículo; precisa
fingir, y fingiré, ¿Ves? La sonrisa
acude a mi semblante y lo serena
 
¡Vaya ejemplo el tuyo!… ¿Magdalena?
¿Te figuras que un Cristo se improvisa?
¿Que te perdone así? Vas muy aprisa;
Cállate, es lo mejor, no estás de vena.
 
Y bien: me voy, termina tu tocado,
No te alarmes, lo sé, no es de buen tono;
No volveré a llorar como he llorado;
Tú guarda tu maldad y yo mi encono…
¿Como buenos amigos?… Aceptado.
¿Que quieres más?… ¿Perdón?… pues te perdono.
 
*
 
Por las áureas estrías de tus ojos
Cruza, como relámpago, el coraje,
Y la efímera espuma del ultraje
Mancha tus labios, a mordidas, rojos.
 
Bien muestran tus histéricos enojos,
la mano que se crispa en el encaje,
las rígidas arrugas de tu traje,
tu pie impaciente y tus cabellos flojos.
 
!Que torpe fui! cesó la confidencia
y te hablé de mi amor, de mi existencia,
que va embebida en ti, de mi alma absorta;
 
te dije la tristeza que me aflige,
te dije que soy tuyo… y no te dije
que estás muy linda… ¡Y eso es lo que importa!
 
*
 
En la memoria de la impaciente idea
como en un viejo arcón trémula mano,
busca el recuerdo del amor lejano
que a veces a mi sombra centellea
 
remueve por hallar lo que desea,
entre lo más recóndito y arcano,
las baratijas de la vida… ¡En vano!
Es cansada e inútil la tarea.
 
Guarda el arcón los mudos cascabeles,
los guiñapos de fe, los oropeles,
quebradas joyas y marchitas flores;
 
pero el amor de mi alma se ha perdido,
Que solamente me dejó el olvido
¡Tristeza, desencantos, dolores!…
 
*
 
Deja que me refugie en el ensueño
como niño miedoso en el regazo
de la madre, que me va tendiendo un lazo
la vida, soy débil y soy débil y pequeño
 
El mal, en abatirme tiene empeño
para emprender la lucha brazo a brazo
con él, yo necesito, en breve plazo,
del invisible talismán del sueño.
 
déjame ir; la vida me traiciona
el ideal se aleja y me abandona
en la ruta más áspera y sombría:
 
si ya no quieres ser mi compañera
en el viaje al país de la quimera…
¡Acompáñame tú, melancolía!

Seis son los sonetos (muy bien versificados) en los que prima, a mi juicio, el fondo sobre la forma. Estos dan cuerda a la historia que Urbina nos entrega. Recuerdo haber leído una o dos estrofas antaño tiempo y hoy me encontré con la versión completa de Humorismos Tristes. Parece que uno, al leer estos humorismos, siempre encuentra a la persona que debe cargar con este poema.

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Saudade

Agarrarse el dedo con una puerta duele.
Golpearse la cara contra el piso, duele.
Torcerse el tobillo, duele.
Una bofetada, una trompada, un puntapié, duelen.
Duele golpearse la cabeza con el borde de la mesa, duele morderse la lengua, una carie y piedras en los riñones también duelen.

Pero lo que mas duele es la saudade.

Saudade de un hermano que vive lejos.
Saudade de una cascada de la infancia.
Saudade del gusto de una fruta que no se encuentra más.
Saudade del papá que murió, del amigo imaginario que nunca existió…
Saudade de una ciudad.
Saudade de nosotros mismos, cuando vemos que el tiempo no nos perdona.
Duelen todas estas saudades.

Pero la saudade que más duele es la saudade de quien se ama.

Saudade de la piel, del olor, de los besos.
Saudade de la presencia, y hasta de la ausencia consentida.

Vos podías quedarte en la sala, y ella en el cuarto, sin verse, pero sabiéndose ahí.
Vos podías ir para el dentista y ella para la facultad, pero se sabían allí.
Vos podías pasar el día sin verla, ella el día sin verte, pero sabían del día de mañana.

Pero cuando el amor de uno acaba, o se torna menor, al otro le sobra una saudade que nadie sabe como detener.

Saudade es básicamente no saber.

No saber más si ella continúa sufriendo en ambientes fríos.
No saber si él continúa sin afeitarse por causa de aquella alergia.
No saber si ella todavía usa aquella mini.
No saber si él fue a la consulta con el dermatólogo como prometió.
No saber si ella se alimentó bien últimamente por causa de esa manía de estar siempre ocupada.
Si él estuvo yendo a las clases de inglés, si aprendió a entrar en la Internet y encontrar la página del Diario Oficial.
Si ella aprendió a estacionar entre dos coches.
Si él continúa prefiriendo la cerveza oscura.
Si ella continúa prefiriendo jugo de naranja.
Si él continua sonriendo con aquellos ojitos apretados…
Si ella sigue bailando de aquella forma enloquecedora…
Si él continua cantando tan bien.
Si ella continua detestando Mc Donald’s.
Si él continua amando.
Si ella sigue llorando hasta en las comidas.
Saudade realmente es no saber!

No saber que hacer con los días que son más largos, no saber como encontrar tareas que detengan el pensamiento, no saber como frenar las lágrimas al escuchar esa música, no saber como vencer el dolor de un silencio…

Saudade es no querer saber si ella está con otro, y al mismo tiempo querer.

Es no saber si él está feliz, y al mismo tiempo preguntar a todos los amigos por eso.
Es no querer saber si él está más flaco, si ella está mas linda.

Saudade es nunca más saber de quien se ama, y así mismo doler.

Saudade es esto que sentí mientras estaba escribiendo y lo que vos, probablemente, estés sintiendo ahora después de leer.

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ELEGÍA PARA MÍ Y PARA TÍ


Yo seguiré soñando mientras pasa la vida,
y tú te irás borrando lentamente de mi sueño.
Un año y otro año caerán como hojas secas
de las ramas del árbol milenario del tiempo,
y tu sonrisa, llena de claridad de aurora,
se alejará en la sombra creciente del recuerdo.

Yo seguiré soñando mientras pasa la vida,
y quizá, poco a poco, dejaré de hacer versos,
bajo el vulgar agobio de la rutina diaria,
de las desilusiones y los aburrimientos.
Tú, que nunca soñaste mas que cosas posibles,
dejarás, poco a poco, de mirarte al espejo.

Acaso nos veremos un día, casualmente,
al cruzar una calle, y nos saludaremos.
Yo pensaré quizá: “Qué linda es todavía.”
Tú quizá pensarás: “Se está poniendo viejo”
Tú irás sola, o con otro. Yo iré solo o con otra.
o tú irás con un hijo que debiera ser nuestro.

Y seguirá muriendo la vida, año tras año,
igual que un río oscuro que corre hacia el silencio.
Un amigo, algún día, me dirá que te ha visto,
o una canción de entonces me traerá tu recuerdo.
Y en estas noches tristes de quietud y de estrellas,
pensaré en ti un instante, pero cada vez menos….

Y pasará la vida. Yo seguiré soñando;
pero ya no habrá un nombre de mujer en mi sueño.
Yo ya te habré olvidado definitivamente
y sobre mis rodillas retozarán mis nietos.
(Y quizá, para entonces, al cruzar una calle,
nos vimos frente a frente, ya sin reconocernos.

Y una tarde de sol me cubrirán de tierra,
las manos para siempre cruzadas sobre el pecho.
Tú, con los ojos tristes y los cabellos blancos,
te pasarás las horas bostezando y tejiendo.
Y cada primavera renacerán las rosa,
aunque ya tú estés vieja, y aunque yo me haya muerto.

-Jose Angel Buesa-

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El secreto de sus ojos

Jamás se había destacado en nada. Ni en la escuela, ni en los deportes, ni siquiera en la familia había merecido más que algún ocasional elogio por cualidades en el fondo intrascendentes. Pero el 16 de noviembre de 1966 había conocido a Liliana, y con eso había bastado para cambiarle la vida. Con ella, por ella, gracias a ella, él había sido distinto. Desde que la vio atravesar la puerta giratoria del banco, y preguntar a un custodio cuál era la cola para depósitos, y acercarse a la ventanilla cuatro con pasos cortos y firmes, sintió que esa mujer iba a cambiarle la vida. Aferrado a la certidumbre desesperada de que en esa mujer se jugaba su destino, Morales había osado sobreponerse a su timidez, sacarle conversación mientras contaba el dinero, sonreírle con toda la cara, mirarla a los ojos y sostener en ella la mirada, desear en voz alta que volviese pronto, revisar el archivo para averiguar a qué empresa pertenecía la cuenta corriente en la que había depositado, inventar un pretexto para llamar allí y recabar algún dato de esa joven.

Tiempo después, cuando ya podían considerarse oficialmente novios, Liliana le había confesado que esa temeridad, ese metódico arrojo de perseguirla sin resignarse a negativas, le había agradado hasta el punto de decidirla a aceptar finalmente sus invitaciones. Y que al conocerlo mejor, y conocer su timidez, su cortedad, su eterna vergüenza, había entendido más profundamente esa valentía inusual como la mejor prueba de un amor verdadero. Liliana decía que un hombre que es capaz, por el amor de una mujer, de cambiar su forma de ser, es un hombre que merece ser correspondido. Ricardo Morales tampoco olvidó esa conversación, y decidió seguir siendo así para siempre y para ella. Nunca se había sentido digno de nada, y mucho menos de semejante mujer. Pero supo que iba a aprovechar mientras pudiera. Hasta que el hechizo se rompiera y todo volviese a ser ratones y calabazas.

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La culpa es de uno

Quizá fue una hecatombe de esperanzas
un derrumbe de algún modo previsto
ah pero mi tristeza solo tuvo un sentido

todas mis intuiciones se asomaron
para verme sufrir
y por cierto me vieron

hasta aquí había hecho y rehecho
mis trayectos contigo
hasta aquí había apostado
a inventar la verdad
pero vos encontraste la manera
una manera tierna
y a la vez implacable
de desahuciar mi amor

con un solo pronostico lo quitaste
de los suburbios de tu vida posible
lo envolviste en nostalgias
lo cargaste por cuadras y cuadras
y despacito
sin que el aire nocturno lo advirtiera
ahí nomás lo dejaste
a solas con su suerte
que no es mucha

creo que tenes razón
la culpa es de uno cuando no enamora
y no de los pretextos
ni del tiempo

hace mucho muchísimo
que yo no me enfrentaba
como anoche al espejo
y fue implacable como vos
mas no fue tierno

ahora estoy solo
francamente
solo

siempre cuesta un poquito
empezar a sentirse desgraciado

antes de regresar
a mis lóbregos cuarteles de invierno

con los ojos bien secos
por si acaso

miro como te vas adentrando en la niebla
y empiezo a recordarte.

-Mario Benedetti-

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Teoria de la Felicidad

 ¿Quién no se ha sorprendido alguna vez tomando el pulso a la vida y no hallándolo? ¿Quién no ha sentido, en ocasiones, vacío el orbe de justificación? En esas horas de balance vital, a que antes me refería, sopesamos las grandes cosas que pretenden llenar la vida y darle solidez racional, sentido, precio o sugestión –el arte, la ciencia, la religión, la moral, el placer- y a lo mejor nos parece como si estuvieran huecas, como si sólo poseyeran la máscara de sí mismas y se alzaran fraudulentas ante nosotros al modo de falaces promesas. Si queremos plantar en ellas el vértice de nuestro corazón, que se estremece sobre un abismo de nada, notamos que ceden, que se resquebrajan como cáscaras, que se esfuman como ficciones, que vacilan tanto como nuestra pobre víscera cordial, menesterosa de sostén, de una tierra firme donde asentarse, de un fondo sólido donde hincar su ancla. Como Arquímedes, nos contentaríamos con un punto de apoyo, pero que sea suficiente, que se baste a sí mismo y no necesite, a su vez, de otro donde afianzarse, y así hasta el infinito.

   En tales momentos nos sentimos profundamente infelices.
Ortega y Gasset
Ideas sobre Pio Baroja.
Articulo Completo: Lecturas Hispanicas
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